sábado, 3 de diciembre de 2011

No soy vago, soy vagabundo.

Marko era un ser humano.
Su vida consistió en una serie de pasos, pasos aleatorios tan solo interconectados por el hecho de que los dieron las mismas  piernas. Piernas que pudieron encajar en cualquier otro cuerpo, en el de Félix, o en el de Paolo, o quizás en el de Alejandro, pero que por cosas del efímero devenir, quedaron pegadas para siempre en el tronco, en el cuerpo, en el resto de humanidad de nuestro amigo Marko. Porque si no hubieran sido por esas piernas y esas rodillas y esos pies con uñas y mugre, no hubieramos conocido a Marko, porque si otras hubieran sido sus extremidades, Marko no nos hubiera pedido un traguito, un roncito, un poquitito de alcohol, con esa voz de nómada bohemio que solo se logra desarrollar a través de media vida. Por ende, tampoco estaría influenciado por el recuerdo que guardo de él y no estaría escribiendo estas palabras

Dios, me siento tan desconsiderado. Nunca le pregunté a Marko si era un Marco con C, o un Marko con K o si alteraba asiduamente las letras. Ya que escribí el primer párrafo con K, que quede que hablo de Marko, el periodista peruano residente en París, que conoci en Barranco luego de una noche que terminó siendo día...

El cielo cambiaba sus matices y el lila le ganaba al morado y el gris celeste le ganaba al lila. La noche se había pasado entre vasos llenos de cerveza, alternados por algunos con ron y otros con bebidas exóticas. Amontonados en una glorieta de Barranco, tirados uno con otros, descansábamos en rebaño luego del ajetreo, aún con un buen porcentaje de alcohol en las venas. No sé de dónde salió una bolsita con marihuana y tampoco sé cómo saqué de mi bolsillo una pipa. El punto es que en la otra esquina de la glorieta había un hombre tirado, o al menos la silueta de este. Solo pude apreciarlo de lejos, antes de lanzar. Luego de tres toques difíciles (porque el encendedor que usaba tenía la forma de un escarabajo), mi vista y mi atención se nublaba, me internaba en mí mismo aunque era el mismo. Estar duro significa alg muy espiritual para mí. Como una herramienta para aislarme de lo físico, de lo mundano, de lo concreto, para aislarme en algo más insustancial. Esta necesidad de abstracción se me presenta raras veces, pero ahí estaba yo, junto a camaradas de delirium trenmes, abstraído y con una leve conexión con mis sentidos.
Creo recordar que en medio de nuestra conversa de ebrios (esas en las que recuerdas quién hizo esto y quién, aquello y que no sé quién se perdió por no sé dónde y con quién apareció), mi vista se enfocaba en mi amiga Criss ya que le hablaba, o mejor dicho, hablaba con el aire y dejaba que este le dé mi mensaje. En medio del discurso, la silueta desenfocada se paró, se movió y parecía moverse. Mi cabeza estaba estancada en mi columna y no lograba voltear a ver. Una pregunta me hizo lograr voltear: "¿No tendrán un poquito de alcohol?"
Un vago. ¡Era un vago, claro! de esos en los que mi madre teme que me convierta. Qué alegría tenerlo por acá, entre estos muchachos que poco sabemos de sufrimiento. Pero por qué crees que sufro, si yo soy feliz siendo vago, ah perdón, claro. Vago, vago, yo soy vagabundo, pero vago no. Claro, he vagado alguna vez en mi vida, pero tú también y eso no te hace vago. Habrá que hacer una definición filosófica, epistemológica, lexicológica y ontológica de la palabra vago. Pero mira nos ahorramos sacar los libros, mira-¿pero no tendrás un poquito de alcohol?-mira mira, mira bien, carajo están fumando marihuana, disfruten disfruten, la marihuana es buena, qué rica es la ma-ri-huana, sí sí, muy rica, pero fumen sin vergüenza, ¿más bien no tendrán una gotita de ron? ¿no?, bueno solo hay mari-hua-na, no gracias yo no fumo, lo dejé, ah pero mira mira mira, carajo estás muy duro, jeje, ¿qué rica es la ma-ri-hua-na no?, tan rica que me da ganitas pero uy carajo no, pero me pica la mano, no me horneen chicos que me pica el brazo, pero mira mira, pero ahi qué rico huele a ma-ri-hua-na, pero bueno yo ya lo dejé, bueno mira, aquí está mi pasaporte, ¿ves? no soy vago, soy un vagabundo-¿algun vasito?-.

Marko nos había mostrado un pasaporte que no supe ver, creo recordar que nos mostró más de una libretita con pasta de cuero. Muchos papeles que no supe comprender debido a mi estado semi-onírico. Palabras como parís y periodista, otras como "veinte años y una hija". No lo sé. todo se me venía en paquetitos de amnesia, en letra china, en sueños. Mi mente estaba con goma y no escuché mucho. Pero me gustaba tenerlo cerca, me sentía protegido, como si su bigote y su barbilla y su color cobrizo me hicieran sonreír porque yo no sé qué hacer con una persona que habla mucho y habla de cosas que yo no sé. Un vago siempre hablará de cosas simples, de cosas bellas. Pero Marko no era un vago, era un vagabundo. Pensé darle un toque, porque él ya lo dejó, porque si lo haz dejado, entonces te puedes fumar uno, for old timnes ya que no lo haces porque necesitas, si no porque ya pues ahí está y ¿bueno no? Pensé abrazarlo o darle la mano cuando de pronto sacó de su cartera-claro, tenía una cartera-un PSP, esos aparatitos lúdicos portables. La cara de gelatina no se me supo disimular y por impulso se me abrieron los
ojos grandes, de lo chino que estaban. De dónde sacó este un PSP. todo parecía un sueño mal orquestado, qué hace un vago (perdón, un vagabundo) con un PSP en mi sueño, carajo, mucho San Marcos mucha crisis capitalista, mucho mi vieja comunista. Pero Marko seguía hablando y de pronto escuché francés, y oui y monsiour, y solo eso sé escribir. pero escuché mucho más. Luego entre el sueño veía fotos intercalándose una con otra, había una mujer y una bebita, o un bebita y una mujer. Pero la cosa era que ellas se mostraban en el PSP, y Marko seguía hablándonos que un periodista tenía una hijita y una esposa frances y que vivía en París y la verdad que estoy muy duro porque me pareció que Marko vivía en francia y tenía un PSP y una linda hija con su mamá francesa.
Bueno, estaba estonazo, borracho y feliz, pero no porque estaba estonazo y borracho, sino por Marko, que luego nos contó que había a venido a Lima a pasar las "fiestas" con su familia y que luego se regresaba a París. Toda su vida la vivió en Barranco, que tiene las huellas de sus zapatos Caterpilar impregnadas en todas las veredas. De pronto nuestro héroe de la noche se retiró como la sombra que era cuando vino. Nunca te olvidaré, le dije, no sé si me escuchó pero fue lo más sincero que dije esa noche.
Marko era un ser humano. Provisto de pies, piernas, sexo, extremidades, manos, cuello y cabeza. Pero creo-contradiciendo mi argumento inicial-que aunque esas piernas hubieran estado en otro tronco y Marko hubiera tenido las yucas más ricas de la selva, igual lo hubieramos visto tirado, en la glorieta de Barranco, en plena batalla de lilas y celestes grises.

lunes, 7 de noviembre de 2011

Gabriel ha muerto.

Gabriel se sienta en una banca del malecón de Miraflores (uno de los lugares más deprimentes que conozco), mira al mar, lo oye, lo siente, lo huele lo destruye con el pensamiento. El mar parece no hacerle caso en su eterno ir y venir. tan solo el crujir de las olas rompe con el silencio. Gabriel saca un cigarrillo de su bolsillo de la camisa, está algo chamuscado, así le gustan a él. Lo huele, se lo pasa por la nariz, lo aspira como si fuera lavanda, cierra los ojos en el proceso, saca el encendedor del pantalón. El sonido de las chispas lo seducen, el color del destello lo atrapa, lo sumerge y lo ahoga silenciosamente. Solo el dolor de su pulgar quemándose lo despierta. Enciende el rubio. Lo aspira y siente en su boca el amargo del humo y lo dulce en sus labios.Gabriel termina en silencio el cigarro y las cenizas ahora forman parte de ese universo en el que conviven los restos de tabaco incinerado y el pasto mojado de madrugada.

Gabriel, ¿Qué haz hecho Gabriel? ¿Por qué te sientes tan como espectro, como si buscaras refugiarte en cualquier cosa ínfima, buscando un sonido, un murmullo, una biruta de risa en tanto silencio. El mar se ha evaporado porque ahora es parte del silencio, de ese silencio embriagante que uno desearía  a veces tener en la cabeza-uno siempre se pregunta, o al menos Gabriel lo hace: Quién se estará riendo, por qué, con quién, uno se imagina, o al menos gabriel lo practica: el imaginar las facciones del rostro de quien esté soltando la carcajada. Si la risa es femenina y muy aguda, Gabriel se imagina a una mujer blanca con labial rojo en la boca, rubia, rolliza y con pies feos con talco. Tal vez se esté riendo de un suceso fatídico de alguna de sus enemigas a muerte. Debe estar con unas copas en la venas, con sus amigas del colegio, reunidas despues de años de ausencia; si la risa es muy grave, alguien obeso, si es como la de una niña, Gabriel se siente enamorado-, por ahora Gabriel busca refugio en pequeñas cosas, en la textura de la banca, en el olor del pasto húmedo, en la suavidad de su mejilla, en el olor que percibe de él mismo y de el sentimiento de alegría que le da ese aroma. En pequeñas cosas porque las cosas grandes lo han devastado. Gabriel se echa en la banca, mirando al cielo, tratándose de imaginar algunas estrellas, logra ver a la luna luchando con la neblina limeña. Gabriel siente la humedad de sus manos, hubiera deseado tenerlas secas y suaves para esta ocasión. Gabriel ya no siente sus propios latidos, entonces recuerda cuando se apoyaba en la cama contra la almohada y lograba percibir los bombeos de su corazón muy nítidamente, entonces contenía la respiración y el ritmo aceleraba, luego aspiraba muy lento y este disminuía. Ahora no siente eso. Se siente parte de la madera de aquella banca, se siente barniz y pintura verde, se siente metal corroído se siente duro y seco y maltratado.
¿Qué haz hecho Gabriel para sentirte así?
Entonces cierra los ojos, pero no duerme, abre la boca pero no respira, solo intenta acostumbrarse más a la forma de la madera, al frío que ya no enfría, Gabriel poco a poco deja de escuchar los sonidos lejanos indiferentes a él, luego deja de percibir el frío, la humedad que lo encierran sin escapatoria, no siente ni los vellos de su piel, ni sus poros ni su cabello chocar con su frente, no siente el contacto con la ropa ni las medias apretadas, ni el roce con la banca misma, luego deja de apreciar el aroma salado del aire, el del cigarro extinguido, el del pasto con un poco de caca de perro, Gabriel deja de oler el fierro húmedo y la madera pintada, tampoco siente su propia lengua, ni su estómago rugir de hambre, ni el reciente sabor a tabaco. Gabriel descubre que ya no es Gabriel, sino gabriel. Entonces, por último, Gabriel poco a poco, deja de oír el recorrido del mar, deja de oír las olas romperse en la arena, deja de oír la bruma chocar con el aire, poco a poco el mar, tan presente y tan tácito (pero presente en alguna forma), se hace invisible, inaudible, se hace nada. Ahora sí gabriel ya no siente nada, no es nadie, no tiene percepción ni de su propio infortunio, ni si quiera sabe que existe. Gabriel ha muerto.

miércoles, 31 de agosto de 2011

Para siempre esta noche.


La noche cae lenta
Como una pluma perdida en el aire,
Se quita la blusa la luna,
Se asoman tímidos los luceros,
Y la luz va perdiendo una silenciosa batalla.

Las farolas, parpadeantes,
Iinician su vigilia.
Calladas las aves,
ocultas en sus nidos de paja,
trémulas, nos observan,
lacerarnos con caricias de uñas,
ensortijarnos en una aleatoria figura,
de piernas, brazos y manos colapsadas.

¡Ah la noche!
Siempre con su oscuridad tímida,
Siempre verde de césped húmedo,
Siempre morada con tácitas estrellas,
siempre fugaces con neones ardientes,
Siempre frías,
siempre cálidas,
Siempre pálidas,
Y siempre, siempre, muy cortas.

De noche te amo más,
Si no fuera por la luz ausente,
mi pecho no se acongojaría,
Y no te lloraría mis palabras en tus mejillas.
De noche se camufla
Toda rencilla de dolor,
Se evaporan los cuerpos,
Y se condensan las miradas.

Entonces fugaces,
Uno sobre otro,
mirando al horizonte,
se nos estruja el pecho,
como si un hechizo se acabara
Y la vida se nos escapara de las manos...

...Es el alba.




viernes, 26 de agosto de 2011

La batalla

¡AH!
Hay en las partículas de aire,
rastros culpables de algún beso,
extraño, furtivo,
tímido, musical.
Foráneo.

Es su aroma, el aroma del ósculo,
olor húmedo, apretujado,
dientes tintineando la canción del beso.
lenguas entrelazándose. Cerrándose, partiéndose en dos.
Labios subyugándose, cediendo,
mordidos, atacados, mutilados, los labios del fiero beso.
Y las manos,
Mis manos,
Mis manos que te besan,
te besan profunda, calmada, parpadeante.
Oscilando en una cascada de caricias,
caen
yerran,
aterrizan, invaden.
Devastan.

Todo queda yermo,
un bosque deforestado,
por mis labios y tus dientes y tu lengua,
por el sabor de tu huemedad,
triste, lacrimal,
herida,
heridos,
muertos, lacerados, enterrados, resucitados.

Son tan tácitas las palabras,
Reemplazadas por los ojos cerrados.
En las batallas no se cruzan muchos vocablos
Solo se escuchan los disparos,
las bruces destrozándose,
las armas empuñándose,
todo húmedo,
todo lleno de infartos,
acariciando la sombra de tu cuerpo,
besándote.
besándote.
Toda, toda.
Toda.


sábado, 6 de agosto de 2011

Sangre blanca.

A Gabriela.
Lima, tres a eme. En punto, ni un minuto más tarde  ni más temprano. Es la hora precisa de los fantasmas, cuando las puertas que los encierran se hacen más vulnerables y alguno que otro logra escabullirse entre la atmósfera viva. Fantasmas. Son las tres y dos a eme. Y ando rodeado de esos espectros, ánimas, o recuerdos, que son lo mismo al fin y al cabo. Fantasmas que me entumecen  más la nuca, mi casaca de cuero se vuelve de tela y deja pasar el silencioso frío limeño. Camino por la alameda Santa Rosa. Hay algunos chifas abiertos, las pollerías semivacías. Veo un hostal: Las Vegas. Me río de semejante título. ¿Cómo será por dentro? Entro, pregunto el precio, solo por curiosidad: cincuenta soles la noche y cuarenta la hora. Qué buena estrategia de marketing, pienso. Sin embargo me gusta el living. Pienso que tal vez sus cuartos no son tan fríos. Cuántas parejas habrán escuchado el gemido póstumo de un orgasmo (o la pretensión de los mismos) entre sus paredes. Cuántos habrán discutido en esos cuartos, cuantos se hospedaron solos durmiendo con la soledad metida entre las sábanas, hincándole las piernas. Cuántos más habrán hecho de ese hotel su hogar, cuántos, como yo ahora, habrán encontrado refugio entre sus paredes. 
Llego a la Arequipa, Veo algunos pubs abiertos, algunas sangucherías que se disponen a cerrar, las emolienteras, tan férreas, soportando impertérritas el frío de madrugada. Tres y veinte a eme. Qué obsesión la mía por contar las horas, los minutos, los segundos. Dejé la botella de scotch en un bote que estaba estallando de basura, saco unos Nirvana. Trato de encenderlos. Inútil. Hace mucho viento. Me paro, y protejo con mi mano la llama. Clic, Crepitaciones, he aprendido a apreciarlas, a apreciar la amargura del humo en mi garganta, ese sabor que antes odiaba, hoy se me hace dulce. Es algo que me enorgullezco de amar. Sí, de amar. Le doy una pitada más al pucho y sigo caminando. Cuadra cinco, veo un concierto improvisado de putas. Unas damizuelas que parecen cantar precios. Algunas hacen el coro con cumplidos acerca de Mira que estás bueno y te puedo hacer un extra sin cobrarte, que por qué no me haces un espacio en ese auto tan sexy, si quieres te presento a Kassandra y la pasamos bien los tres. Otras practican la percusión con sus pulseras tan copiosas, amontonadas como inmigrantes en sus rollizas muñecas, con los tacones, que parecen ir a un compás salsero. Unos silbidos complementan el estruendo, unos gritos roncos de una mujer,  que se pelea como gallina en un corral. Me acerco un poco caminando. Una me mira. No estoy completamente seguro si es mujer o si es travesti. No confío en mi vista ahora, estoy demasiado tocado. Converso con ella, sin embargo…
Despierto, tengo la boca seca. Una cama está debajo de mí. Huele mal, a sexo. Veo a alguien sin ropa mirando por la ventana. Ya no estoy tocado, ando más o menos. Ese alguien voltea hacia mí. Era chica.
Veo la nostalgia y melancolía de sus ojos, su cuerpo maltratado por la práctica de su “trabajo”. De su noche a noche. Sus pechos aún conservan un poco de firmeza, su piel no tiene mucho brillo. Sus brazos llenos de manchas rojas y su cuello con algunos chupetones, veo un moretón en su pierna. No me atrevo a verle el rostro. Hasta que una luz de carro se cuela por la ventana, alumbrándole fugazmente una mejilla. Hermosa. Hermosa tristeza la de su faz demacrada. Cuando logro verla a los ojos decide dejarse invadir  por el pudor. Busca una bata vieja, se la pone. Se sienta y amablemente me pide que me retire. Que tiene que seguir trabajando.
Cuatro y treinta y cinco. Brasil. Me pongo  a jugar en las anchas avenidas de Jesús María. No pasan muchos carros. Me echo en un tramo del asfalto. Miro el cielo, tan púrpura  y tan denso. Tan, tan...tan limeño. Juego con mis manos, susurrando una canción: The blue bus is calling us
is calling us driver, where you taken us
.
Recuerdo que mi madre me contaba de las Tres Marías. Recuerdo mi niñez, tan intrascendental. Siempre he sentido que mi vida ha sido una sucesión de eventos desordenados, pasivos, latentes y que era mi función, mi labor ordenarlos. Condensarlos. Me pregunto cuál debió ser mi función en la vida. La literatura no me ayudó. Odio lo que escribo. La vida errante se me hacía muy solitaria. Viajé por todo el país, buscando a la gente adecuada para mí, no lo logré. Me aislé por unos años de la ciudad, intentando encontrarme a mí mismo como un ermitaño, esperando serlo. La soledad se me hizo muy húmeda y me enfermé, entonces decidí llevar una vida bohemia. Luego de un año, me hice conocido en los bares del centro de Lima, amigo de artistas, trovadores, escritores, pintores. Gente increíble. Y con tantos personajes, con tanto color humano, me sentí tan miserable de no poseer ninguna de sus cualidades, porque yo no canto, ni escribo, ni toco, ni pinto. Solo ando. Incompleto. Heterogéneo. Discordante, eso me decían a los dieciocho. Tienes un rostro alegre, incluso tienes esas arrugas que se forman al reírse mucho. Pero tienes los ojos tristes, las ojeras pronunciadas y los pómulos resaltantes. Nunca supe ordenar las facciones de mi rostro, ni las de mi vida. Más que ordenarlas, hacerlas armonizar. Equilibrarlas. Ahora mismo, no sé qué hago acá, con el celular apagado y con un hijo esperándome en la casa durmiendo en la cama de una esposa que llegó a mi vida tan inesperada y tan indeseadamente, luego de una noche demasiada etílica en el bar y después en el hotel San Martín. This is the end, my only friend the end...
Aún me tiemblan las extremidades. Me enciendo otro mentolado. "mierda, la ceniza". Casi me lo termino cuando decido pararme. Veo a un tipo que se me acerca, examinándome. Pidiéndome que le diga la hora por favor. Intentando robarme tan burdamente. "Qué tal si me das tu reloj para ver por mí mismo". Le grito, le grito muy fuerte, lo intercepto con una llave que lo hace crujir contra el piso. Le pateo las piernas, me tiro encima de sus muslos y casi se los rompo. Lo golpeo como hubiera querido golpear al doctor Hernández. Me irrita la gente que no es directa. Te vas a morir.
Veo mis bolsillos. Tengo dos soles setenta, un celular, un encendedor de botón, unas llaves con un llavero de avioncito azul. Una cajetilla vacía de Nirvana’s, boletos de bus, una ramita de hierba y un papelito. El papel arrugado con letra de computadora que me ha traído acá, a este paradero de la Brasil donde esperaré mi carro para volver a mi edificio, a seguir esperando, quizás, lo único que en mi vida ha tenido (o tendrá, mejor dicho) sentido:

"RESULTADO DEL EXAMEN DE SANGRE:
CONTEO EXCESIVO DE GLÓBULOS BLANCOS: LEUCOCITOCIS"

lunes, 1 de agosto de 2011

LA VIDA...La vida.

-Es la mamá Bertha, se nos muere tío. No sabemos qué hacer. Está en la etapa terminal de un cáncer al colon.
-Nooo, ¿la comadre?, pero cómo es que nos venimos a enterar a estas alturas. Por qué no vinieron antes.
-Es que ni la mamá Bertha sabía del cáncer. ¡Los médicos nos dijeron que sus varices mal curadas expandieron el cáncer como el cohete!
-Ay carajo. En qué hospital está. 
-Dos de mayo, tío.
-Está bien, el domingo iremos.
-Ay tío, ¡mi mamá!-y empieza a sollozar-.
-Tranquila sobrina, tranquila...

Hace unos pocos días, mi padre se enteró que su comadre estaba en las últimas, o en las primeras de las últimas. Recuerdo que de pequeño la iba a visitar en su casa en San Martín. Recuerdo el inmenso patio de su casa, donde solía jugar con primos que ahora no recuerdo en lo absoluto. Recuerdo fugazmente una cocina y las enredaderas invadiendo las mohosas paredes de esta. Las viandas condimentadas color chillón. Los juegos de lingo, de las escondidas con mi prima Paty (es el único nombre que recuerdo). Las camas rancias donde me quedaba a dormir mientras mis padres jaraneaban con los compadres. Las calles húmedas de la mañana, cuando volvíamos a casa. Recuerdo con una pizca de nostalgia los brazos enormes de mi tía Bertha, y sus grandes piernas atravesadas por enormes venas verdes, gruesas y sobresalientes. Esa era la tía Bertha. Tan grande que podía cargar en cada rodilla a algún niñato de los tantos que había en su casa.
Ahora la tía se está yendo. Hace algunos años que no la veo, cinco o seis, o siete, si se es más riguroso. Tengo ahora dos primas(Paty y su hermana, con un hijo cada una) sentadas en el sillón de mi casa, dándole la noticia a mi padre. Estoy algo molesto ahora, pues en unos instantes íbamos a ir de compras aprovechando un vale de consumo que mi madre había ganado en un concurso en su trabajo. Es increíble pensar cuan egoísta puedo ser. 
Luego de media hora, mi padre despacha educadamente a mis primas, embajadoras de las malas nuevas. Detrás de ellas, camina su prole: dos mocosos, una niña de unos cinco años, un bebé y el esposo de una de mis primas-creo de Paty-.
En el carro, cuando nos dirigíamos de compras...mis padres empiezan el parloteo clásico. Que la mala alimentación, que los condimentos, que no se curó nunca esas varices...que "ves, chola, yo te dije que te curaras tus varices, por algo te lo digo", mi madre recordándola a viva voz, mi padre en silencio, escuchando y articulando alguna frase aprobatoria de vez en cuando, ya que estaba conduciendo el auto. Luego el infaltable...ven hijos, por algo su mamá les hace la comida sin condimentos y les da alimentos saludables. Y tú sin embargo, Andrés, te metes cochinadas al estómago, te vas a tomar como si fueras grande, vas a terminar mal como tu tía Bertha. Y así sucesivamente hasta llegar al mall, el discurso de los que están vivos, siguió vigente.
Todo eso pasó un viernes. Un viernes 29 de Julio.
El domingo 31, mis padres iban a visitar a mi tía Bertha, ese día almorzamos en un restaurante, los tres. Ya sentados en la mesa, mi padre mirando a mi madre y yo mirando el asiento vacío, pude notar un silencio que me incomodó. Y aunque a mi los silencios más que incomodarme, me tranquilizan, la mirada perdida de mi padre y la de mi madre, idéntica a la de su esposo, me hicieron tejer una serie de hipótesis de qué diantes pasará por la mente de mi viejo, de mi viejo, más que todo, siempre pensando en la muerte, siempre diciendo: cuando yo me muera, cuando ya no esté, ese día no podré ayudarlos. Un poco pesimista mi viejo, el viejo que en verdad, viejo se está poniendo. Tal vez es eso en lo que piensa, en que si le dicen de pronto...¡viejo!, no será solamente de cariño, viejo, ¿a qué edad se es viejo? a los cincuenta? a los sesenta?, hay quienes dicen que la vejez y la juventud dependen de cada uno. Pero lo cierto es que la mortalidad, no siempre tiene que ver con la edad. Somos títeres de ese maniobrador de almas que es la muerte. Sus hilos nos confunden y nos enredan y nos hacen pensar que mientras hagamos ejercicios, mientras comamos bien, tengamos buenas relaciones emocionales, durmamos a tiempo y las ocho horas, viviremos lo suficiente para saber el nombre de nuestros nietos, y con un poco  más de ascetismo, el de nuestros bisnietos. Gran mentira y a la vez, gran verdad. Pero de la suerte no se puede escapar.
En fin, decía que mi padre miraba al vacío. Ni si quiera su mirada chocaba con la de mi madre. Me puse a pensar. Que al transcurrir su vida, ¿Cuántas veces habrá recibido una noticia así? de jovenzuelo, tal vez, algún amigo metido en malas juntas, uno que otro que terminó bajo tierra por errores que cometió en la tierra. Luego, con el pasar de pocos años, tal vez un accidente, un desafortunado al que se le vaciaron los frenos, otro tal vez víctima de un asalto en las calles inseguras de Lima. Una muerte fatal para algunos con futuros tan prometedores, que tal vez lo hizo sentirse afortunado de estar vivo. Pero luego, cuando en su DNI la foto se hacía más achacada, más arrugada, y el cabello escaseaba más y las malas noticias llegaban más seguido, tal vez un pariente lejano, con quien jugaba de niño, ¡DE NIÑO!, muerto de un infarto, de un derrame por tanto estrés de la vida, muerto, bien muerto porque el tiempo se le expiró, porque el tiempo suele expirar en esta etapa de la vida, mi padre se pregunta cuándo expirará el suyo. ¿Cuándo?, aún con cincuenta y seis años,  cuánto tiempo le queda. Cuántos amaneceres, cuántos whiskies más se podrá tomar sin miedo a que se le suba el colesterol y le reviente las venas. Poco a poco las malas noticias suben y suben como las burbujas de la coca cola que ya no puede tomarse. Aún tengo tiempo, se dice a sí mismo. Aún hay tiempo para mí. Tengo que sobrevivir. Tengo hijos que aún no son independientes. Las preguntas clásicas: me ha gustado mi vida, me ha gustado cómo la he vivido, he dañado a alguien, sí, seguro que sí, ¿Es irremediable?, aún tengo tiempo para realizar mis sueños, aún, aún puedo comprarme el VOLSKWAGEN que siempre quise, aún puedo visitar el Cuzco, o mi Ancash querida. Aún puedo poner el jacuzzi al baño del segundo piso. Aún, aún me queda tiempo para conocer más a mis hijos. Desde hoy mismo empiezo, despues que vuelva del hospital. No quiero terminar como Bertha, no. Eso no. Todo va a cambiar desde ahora, soy tan afortunado de seguir vivo.
Me doy cuenta que  a mi padre le brillan los ojos. Yo ya he terminado de comer, mi padre me dice que si quiero, vayamos al cine después, en la tarde. 

Cuando volvieron del hospital, el brillo de los ojos de mi padre desaparecieron, reemplazados por una opacidad que ocultaría al sol mismo. Le hice recordar sobre la salida al cine, le dije si aún quería ir (comprendía que tal vez no tendría ánimos después de su encuentro cercano con la muerte), solo me respondió: No hijito, tengo que trabajar, mejor el otro domingo.
A todo esto, luego me puse a pensar que el que piensa más en la muerte, disfruta menos de la vida.
O quizás no...no sé.

martes, 26 de julio de 2011

108.

En la tibia odisea de tu cuerpo,
En tus suaves acantilados,
En la marea de tus cabellos desordenados,
Me hundo. Me hundes.

Me hundes como si hundieras un corazón que se sale.
Como si el elixir de la vida se te escapara.
Es tu ciudad un bastión de mi lucha,
Contra el enemigo más acérrimo
De nosotros los poetas: la tristeza.
Es tu ciudad, una ciudad sitiada,
Por mis vulnerables manos oscuras,
Por mi piel erizada,
Por mis humedades más íntimas
Por mis castaños ojos,
Perdidos en las comisuras de tus párpados.
Es tu ciudad...
Una isla en tanto mar.
Una perla en tanta roca.
Un abismo en tanto valle.
Un...

Es tu ciudad y mi ciudad,
Espejismos vibrantes que añoran la vida.
Mentiras en capullos,
Esperanzadas con un futuro concreto
Bosquejos de amor,
Maquetas frágiles...ligeras.
Flotantes,
Noctámbulas,
Ridículas, melosas.
Perdidas en tanto laberinto...
En veredas rotas,
En ropas usadas,
Perdidas en posadas frías,
En mares nublados,
En cielos violentos,
En garúas,
En gotas de besos,
En diluvios de manos y piernas,
!De pechos!, ¡de cinturas!,
¡De lunares escondidos!,
¡De ojos desorbitados!,
¡De jadeos, de lisuras!,
!De sudor, de ansiedad!,
!De explosiones, de placer!
De cansancio de dolor
De miradas eternas...
De risas nocturnas...
De susurros inconscientes...

Perdidos, en todo eso
Que inspira a la rosa a brotar,
Y a las gaviotas a formar figuras en el aire,
Perdidos, extranjera mía.

Éramos extranjeros,
Foráneos,
Visitantes...
Siempre lo fuimos,
Y siempre lo seremos.

Mas no aquí.
Aquí,
Somos amantes de toda la vida.
Verdades mayúsculas.
Aquí, perecemos en el mar de nuestras miradas.
Ahogados, asfixiados
Morimos.
Y dormimos juntos,
Como dos hojas caídas de un mismo árbol.

Andrés Nolasco.
26/07/2011.
11:00 AM.

domingo, 19 de junio de 2011

LIMBO.


“Chuang-Tzu soñó que era una mariposa
y no sabía al despertar si era un hombre
que había soñado ser una mariposa o una
mariposa que había soñado ser hombre.”

El sabio y la Mariposa
(Cuento chino)


-¿Por dónde comenzamos la ablación doctor?
-Comiencen por el estómago.
-Mejor comenzamos por el pecho, ¿qué le parece?
-Me parece que mejor le hacemos unas cosquillas en el vientre. Así se desmayará y no sentirá cuando le saquemos los órganos.
-Pero si se ríe hará mucha bulla, doctor.
-Mi hijo no se ríe. Comiencen las cosquillas.
 -JAJAJAJAJAJAJA, JAJAJAJA AAAJAAAJAJAJAJAJA. Noo, ya, por favor, ya noo más. No sigan por favor, JAJAJAJAJAJAJA, aaay ya ya, por favor, JAJAJAJAJAJAJAJA, pa', qué me haces, no no, no. ¡Por qué me haces esto! JAJAJAJAJA ya no, ya no sigan, JAJAJA me duele...Auuu, auuu, yaa ya..papá ¡por qué te gusta hacerme esto!, ¡Le diré a mamá! No me golpees el pecho, no no. ¡No me electrocutes! 
TSSSS, TSSSS, TSSSSS
-Bueno. Despierta entonces.



5:23 AM.
Despierto. Mi corazón me duele, al igual que mi estómago. Siento que todo el vientre está resentido. Tengo lágrimas recientes en los ojos y he sudado una ligera cantidad. La noche se pasó entera entre sueños uno tras otro. Esta ha sido la velada más larga de toda mi vida, y sin embargo la más efímera. Desperté cada media hora temblando de frío y moribundo. Con el miedo de que me atraviesen con un cuchillo, o que explote la bomba nuclear, tropezándome con una piedra, inundado por un diluvio. Quizás si mi memoria no me falla. He tenido al menos unos seis o siete sueños en toda la noche. Y si la realidad no me engaña, estoy despierto ahora.

¿Qué día es?, veo mi celular, tengo tres mensajes nuevos. Uno de un número que no tengo agregado. Otro de Paolo y otro de Lucero. El del número desconocido tiene un mensaje incongruente para mí. No lo entiendo. Dice: "¿Así que queriéndote tirar a mi hermana, no?, te voy a buscar conchadetumadre y te voy a sacar la mierda". No me quiero tirar a nadie por el momento así que no le tomo importancia. El sms de Paolo dice: " Oye huevón, te van a sacar la mierda, aléjate de esa flaca". Entonces sí me preocupo. Me pregunto a qué chica se refieren, no tengo nada con nadie, no he hablado con nadie sobre esas cosas. Hace tiempo que no tengo sexo y nadie me ha provocado semejantes deseos desde hace mucho. No sé de quién carajos hablan.
Preocupado, abro el tercer mensaje, presiento algo malo y entonces leo: "Oye, Celeste está muy triste por lo que pretendes hacer, ya se enteró de todo. La cagaste brother".
Estoy estupefacto. ¿Ahora, qué hice?...Celeste qué tiene que ver acá...Pienso. Pienso, pienso. Tal vez me he metido una trancaza uno de estos días y la he cagado con alguien. Pienso, pienso y pienso. No, nunca tanto. Pienso, y en realidad ni si quiera he pensado. Me calmo, me despabilo. Y comienzo a analizar calmada y fríamente la situación, como en una novela de Dostoievski...
Comienzo por el primer mensaje.Es muy probable que sea un error de identidad, que alguien a quién le están acosando a la hermana, se haya equivocado de número y me haya enviado el mensaje amenazador. Quizás...Es lo más probable, porque ya me ha pasado. Pero se va al tacho mi teoría por los dos mensajes consiguientes. El segundo mensaje, refuerza el primer mensaje, pero ¿quién es esa flaca?, no tengo idea. No. Ninguna. Cabe la posibilidad de que me estén jugando una chanza, pero eso sería imposible, pues Lucero no metería a Celeste en una broma así, ni si quiera sería capaz de prestarse para algo así. Entonces  me autoconvenzo, sin ningun argumento empírico que me quiero tirar a la hermana de alguien y que el santo hermano me quiere dar en las bruces, que mis amigos están decepcionados de mí y que Celeste, mi novia, pronto me pedirá explicaciones que no sabré sostener.
Entonces, me invade un sentimiento de culpa que todos dirían sinsentido. Me encuentro aquí, mal, arrepentido y siniténdome la peor basura por algo que no recuerdo haber hecho. Pero bueno, así es la vida pienso.
De pronto. En mi letargo y en mi estado pseudodetectivesco. Se me fue adormeciendo mucho la pierna derecha, a lo que no le encontré ninguna explicación, pues no estaba en una posición incómoda. Bueno, me dije. A lo que venga. El día me espera.
Decido levantarme y alistarme para ir a la universidad. De pronto, al intentar levantarme...

Primero un sonido ensordecedor, luego, una vibración en mis oídos, seguida por otro sonido de vidrios rotos, fierros chillones cayendo al piso; Perros ladrando asustados, otros aullando, el sonido de palomas escapando de sus nidos, y de mi padre levantándose de la cama, de los Ay por Dios de mi madre, los gritos de mi hermana, los mierda de mi hermano y los chillidos de mi sobrino.
Me levanto con el corazón en la mano, camino hacia el cuarto de mis padres y los encuentro despiertos. Les interrogo sobre lo sucedido. Nadie sabe nada. Mi madre yace sentada en la cama con los ojos muy abiertos. Mi hermana viene, mi hermano la sigue. Todos estamos en el cuarto de mis padres. De pronto, bajo al primer piso, a la sala. Mis ojos no pueden creer lo que ven. Mi ventana destrozada está esparcida por el suelo. Mis muebles bañados por pedazos rotos de vidrio. La puerta de metal de mi sala con pequeños agujeros. Todo. Todo destrozado. La explosión ha sucedido en la fachada de mi casa. ¿De qué? No tengo idea. Solo sé que nada tiene sentido ahora. Mi padre baja con todo el resto de la familia. ¡Una granada!, grita, una granada en la casa.
Asustado, me acerco a los restos de mi ventana. Mi madre me grita diciéndome que no lo haga. Pero yo me resisto. Mi padre me sujeta de los brazos. Pero aún así forcejeo y quiero acercarme a los restos. Entonces siento otros brazos, y más. Y ya no puedo distinguir cuántos brazos me están agarrando la espalda impidiéndome que me acerce a los restos. Pero yo sigo luchando y al final mi polo no resiste y se rompe y yo logro acercarme a los restos...
Veo el cuerpo de Celeste destrozado en medio de la laguna de vidrios y fierros retorcidos. Me desmayo.
No recuerdo más después...
tan solo...

-Ya hemos extirpado el riñón, doctor Espinoza. Estaba en malas condiciones, ¿su hijo tomaba mucho?
-Eso no es de tu incumbencia. Ahora sólo sáquenle el páncreas. Sigan esta línea, corten aquí y extirpen el órgano.
-Está bien doctor.

3:32 AM

Despierto. Mi corazón me duele, al igual que mi estómago. Siento que todo el vientre está resentido. Tengo lágrimas recientes en los ojos y he sudado una ligera cantidad. Mis piernas están entrecruzadas, una encima de otra. Se me ha adormecido la pierna derecha.
Respiro, respiro una y otra vez. Y me pregunto con un cierto escepticismo si esta vez he despertado o no.
Sigo respirando. Todo se me hace tan real.
...
..
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sábado, 18 de junio de 2011

Cuatro chatos.

Vuelvo al blog luego de una mesurada pausa. Extrañaba ver cómo se formaban las letras en la pantalla instantáneamente mientras tecleaba las letras de mi laptop(de mi hermana)...escribir en una pc ajena se me hace más placentero. Y sí, ayer me dijeron o escuché que uno la pasa mejor con extraños...que luego todo se complica y que la gente suele encerrarse en laberintos sin llevar el hilo mágico.
Es cierto. Pero héme aquí escribiendo palabras que sólo(con tilde) unos cuántos puñados de personas leerán y que ni caso le harán, escribo en este instante porque me siento invadido por una fuerza bienhechora, porque siento que el mundo que tantas vueltas irregulares da, por fin va encontrando un eje. Un eje que tal vez me hace caminar de cabeza y que me desorienta totalmente, pero qué rico se me hace desorientarme por un puñado de personas...La vida creo que solo vale la pena cada vez que se te caen los libros, cada vez que se te rompe el lápiz cada vez que el viento te levanta el vestido(mff).
Las experiencias nuevas se van acumulando y los rostros se hacen más cuantiosos. He encontrado nuevos vicios, como el lucky rojo (marlboro es para cabros), nuevas esquinas dónde sentarme para concretar mi vicio, nuevas palabras(wadafaq), antiguas palabras(pajita), cabellos eternos, saludos afectuosos, y más y más y quién sabe cuánto más que mi memoria arbitrariamente no recuerda. Tengo el día venidero a mis pies y me he bañado y huelo bien, que es lo más importante.
El proceso de cambio-violento, como todos los cambios que te marcan-se está apaciguando (o quizás se está haciendo mucho más violento). Sea como sea, quizás...uno nunca sabe, cuándo de pronto las madrugadas se vuelvan a hacer interesantes. Y mientras sistema inmunológico se me hace más débil, yo siento que mi sistema circulatorio se fortalece más. Hay que vivir con el hemisferio derecho un poco más.
Un poco más, un poquito de tiempo más y ahora estaría escribiendo un poema de amor, pero si el destino es el que creo que es, entonces aguantaré. Y persistiré, y pronto estaré entre la lista de los más buscados. Porque me vas a buscar y yo también y benedetti y mi teclado traicionero sonreirán, uno desde su tumba y el otro desde el basurero. Y algún día iremos a ver a Vallejo y  a Víctor Hugo y quién sabe a cuántos Miserables más.

Ayer prendí una vela con el chasquido de mis manos y he decidido que no quiero apagarla. Ayer sentí mucho frío y ahora estoy moqueando, moqueando duro duro, y me sorprende lo poquísimo que me importa. Tengo el pecho acariciado. Acariciado por la imagen del porvenir que me espera,  por las manos pequeñísimas del destino.
Ahora, tengo un objeto más para guardar en mi caja de los recuerdos. Y un libro más en mi memoria, y un vicio nuevo(tal vez dos), nuevas caras, nuevas lisuras, nuevas drogas, nuevas formas de bailar, nuevos lugares en mi memoria, nuevas botellas que vaciar, nuevos conocimientos, y próximamente(coming soon) nuevo yo.

miércoles, 8 de junio de 2011

MIS DÍAS MÁS CUERDOS.


Mis ojos perdieron la costumbre de arañar y mis sueños no se diferencian de mis paseos cotidianos. Veo al doctor explorar con su cerebro el infinito y a los locos, tratando de sacar el infinito de sus cerebros. En ese continente de rostros y tejidos desatinados, en ese cofre de los miedos la Luna cuelga su escalera hasta mi relato en busca del gris simulacro de la vida.
                                                                                                        Daniel F.

¿Les dije que una vez estuve en el Larco Herrera?, pues  creo que no. Tengo un pasado del que no suelo acordarme porque según mi madre el no comer pescado ni tomar la leche en el desayuno ni rezar en latín, me hicieron tan defectuoso como la piedad de dIOS lo permitió. Pero bueno, digamos que les dije que un día me internaron entre esas paredes blancas que en realidad, blancas no eran. De hecho, compartían todas un brochazo de antigüedad color amarillo, salpicadas por la herrumbre de las rejas de metal descascaradas. Al menos así era mi pabellón. El pabellón menos violento, menos loco, o el más pasivo, el de los que eran enviados proque sus familias ya no podían con ellos. En algunos casos, el pabellón de los que no estaban locos, o no tan locos.
Entré al Larco porque un día me cansé de vivir, me dio la santa flojera de estudiar, trabajar y mantener a una familia que sabe QUIEN si me gustaría. Simplemente un día me tomé un carro y me bajé tres cuadras antes de la puerta principal. Me desarmé el polo, lo rompí; me tiré al suelo y me ensucié, ya venía con una semana sin bañarme así que el olor lo puse gratis. Y mirando hacia el cielo, llegué a la puerta principal y toqué el timbre, me vio un señor alto y con uniforme. Simplemente le pregunté: ¿aquí vive Jhon Lennon?

Solo pasé unos meses dentro, conocí a un puñado de gente, porque los demás estaban tan desubicados que ni hablarles podía. Había una señora que siempre miraba a la ventana y que cuando escuchaba el sonido de una gaviota(pues el sanatorio está colindante al mar) repetía pausadamente que algún día escaparía de ese lugar y se iría volando con ellas. De su boca solo salían esas palabras y si le hablabas, no respondía. Sus ojos parecían dos balas de plomo mojado, negros, brillantes, tristes y pesados...Un día le acompañé a mirar el cielo. Por dos horas nos la pasamos en un completo y eterno silencio. Era la hora de la siesta, pero Claire no dormía y yo estaba harto de esa cama dura y con olor a medicina. Simplemente la pasamos con la mirada erguida y los ojos reposando y los oidos atentos, Claire vestía una chompa muy fina de color rosa. Una falda de los años cincuenta marrón claro, una blusa blanca y unos zapatos de taco plano...Estando tanto tiempo con ella, me di cuenta que ella tarareaba una canción que se me hacía muy conocida, una americana muy antigua...que hace pocos meses pude ubicar. ( http://www.youtube.com/watch?v=Woj53n3b2wo). Luego de un tiempo, la acompañaba más asiduamente. Hasta que me encontré a mí mismo repitiendo sus bajas palabras...Parecía que le hablaba a alguien, pero nunca dirigió sus palabras a mí. Yo tampoco...ambos mirábamos a lados opuestos cuando repetíamos...

-Las gaviotas me hablan, me dicen que por qué sigo encerrada aquí, que vaya a volar con ellas...pero cómo podría...les digo, si no tengo plumas, dónde podría conseguir plumas. Sin plumas no puedo volar con ellas y me tengo que quedar aquí. Pero ellas me llaman y yo les digo que no puedo pero que sí quiero. Y que ellas me enseñarían a agarrarme de las ramas de los árboles, a hacer nidos en las torres de electricidad, a cazar peces en el litoral, a volar en el atardecer con la bandada, a buscar a la eterna pareja y a morir sentaditos y calladitos.

Pasaron los  días, las semanas y los doctores ya sospechaban de mi muy mal actuada locura, me veían reír a carcajadas con Manolo, un tipo que creía que era un salto la especie humana y que era más evolucionado que todos basándose en el hecho de que sus ojos estaban desorbitados y que miraba al mismo tiempo hacia la derecha y hacia la izquierda. Decía que la especie humana se había vuelto salvaje y brutal de nuevo, y que ahora debía mirar a todos lados al mismo tiempo para cuidarse la espalda. Y que sus ojos son producto de un salto evolutivo fuera de lo común. Bueno, era birolo y muy chistoso. Y se convirtió en uno de mis mejores amigos. Cada vez que despertaba, Manolo estaba con una pose de modelo griego mirando al horizonte, como si esperara que alguien eternice en una estatua su superioridad biológica. Dijo que sus padres intentaron operarlo para corregir su problema, pero que el rechazó tajantemente la oferta diciendo que si le quitaban su don, iba a extinguirse, que lo iban a capturar como perro y que lo iban a matar. También me contó, que su padre tenía una colección de documentales sobre la primera y la segunda guerra mundial. Creo ahora de dónde salió su miedo a la gente y su necesidad de cuidarse con tantas ansias las espaldas...

Semanas después, cuando oí al doctor Martínez mencionar que ya no tenía nada de loco, que el estar con gente más "arruinada que yo" había encontrado mi normalidad y que en unos días me harían retornar a mi casa...simplemente lo tomé con tranquilidad. La había pasado bien, aunque solo unas semanas, me encariñé con esos sinsentidos que los locos repetían, con las irracionalidades. Destruí los prejuicios que gobernaban mi existencia. Y perdí mi miedo a vivir como se me diera la gana...como se me diera la puta y regalada y perra gana.

El último día de mi estancia. La gente me despidió con una pequeña fiesta. Extrañamente todos me llamaban Fernando. No sé de dónde salió eso pero las enfermeras se mataban de risa. Manolo me miró a los ojos(obviamente no podía evitar reírme a morir mientras lo hacía) y me dijo que yo era la única persona en quien confiaba y que jamás me miraría de espaldas. Le sonreí y lo abracé con cariño...
Todos juntos me dijeron al unísono: Adiós, y esperamos no volverte a ver nunca más. 
Palmas...

Antes de irme, vi  a Claire en el mismo lugar de siempre, mirando al cielo. Me le acerqué. y de mis bolsillos, saqué un montón de plumas artificiales que había desollado de las almohadas...Se las pegué a la mano y se las froté para que las sienta, entonces por primera ve desvió la mirada y me vio a los ojos. Empezó  a llorar sonriéndome. 
-Ya tienes las plumas, anda, vete volando con las gaviotas...

Metí los montones de plumas a sus bolsillos. Y entonces me fui. Nunca más regresé. 
Entonces me pregunto, si el único tiempo en que en verdad estuve cuerdo, fue en el Larco Herrera y si-contrariamente a lo que piensan todos-toda mi vida fuera de ella ha sido una completa falacia.




miércoles, 1 de junio de 2011

POR HACÉRTELAS DE BUENO ANDRÉS...

Siempre he creído que el destino, la vida, el albedrío-démosle cualquier nombre a eso que comúnmente se le conoce como suerte-sabe retribuirte cada acción que haces, siempre he creído que todo lo que escupes, lo escupes al cielo y que si en el ojo no te cae, para eso está la frente;  Pero eso, hablando solo de los pecadillos que se suelen cometer; sin embargo, las buenas acciones...¿también saben ser retribuidas por ese hacedor destino?
Pues a los que dicen que sí, me cago en ustedes. Really. Porque por bueno hoy me pasaron las peores desgracias. Por hacérmelas de bueno. El buen Andrés...pancho tenías que ser...¡ay pancho!
El día trágico (y lo narro como si fuera un caso detectivesco, porque fácilmente bordea la ilegalidad mi mala suerte) se sucitó desde la mañana. Dicen que las malas cosas te pasan de a tres. Y ese fue mi caso.

Desperté temprano con una tenue sonrisa en los labios, tuve un sueño erótico con alguien que no recuerdo, pero amanecí lleno de energías. Me levanté, me mojé la cara y dejé que el sueño se vaya por el fregadero. Desayuné feliz el pan con mermelada que no me gusta y la leche que sé que me dará cólico por mi intolerancia a los lácteos(y no a la lactosa). No entendía mis extrañas ganas de vivir con las que me había despertado. Entonces me dejé llevar en la ruleta de mi suerte, mi padre me da 5 soles de pasaje. Aún no le digo que saqué carné porque el muy tacaño es capaz de darme menos. Luego de recibir mi pasaje agarro mi mp4 y mi celular, y salgo presto a estudiar. Hasta parezco responsable.

Tomo un carro con asiento libre cerca de la puerta, mi buena suerte me hace sonreír. Será un día  genial, predigo. Luego de 20 minutos de viaje, el cobrador aún no había pasado a cobrar el pasaje. Entonces con el carro llenísimo, se sube una sextagenaria al vehículo. Todos los asientos reservados estaban llenos por madres de familia. De pronto la señora se encontraba parada en el pasillo con el vehículo en marcha. Un joven está a punto de levantarse de su asiento para ofrecércelo  a la anciana. He ahí que se sucitó una cadena de eventos desafortunados que fulminaron las buenas vibras con las que me había levantado. 

Acto 1: Al ver a la sextagenaria parada, pensé que mi buena suerte debía ser retribuida a los demás. Yo y mis buenas intenciones. Cuando el joven que le iba a ofrecer el asiento a la anciana estaba  a punto de pararse. Con un tono arrogante y altivo le dije que por favor no lo haga, que este héroe del día le daría su asiento. Porque hoy las buenas vibras me invaden y nada puede pasarme...Imbécil.
-Señora por favor, siéntese.
-Gracias hijito.
Me paro, y disfruto de mi hazaña. Saco un pequeño libro que quería terminar de leer camino a la U. Lo abro y me sumerjo en él. Faltan 20 minutos para llegar a mi U, y el cobrador pasa a cobrar el pasaje, busco mi billetera. Bolsillo derecho, el izquierdo...mi bolsillo del pecho...y nada. No encuentro a la billetera. Ya me ha pasado antes que se me pierden cosas hasta en los recovecos de mi propio cuerpo, así que no me alarmo, pero la billetera sigue sin aparecer y el cobrador va acercándose. Me desespero, me calmo, me alarmo, me tranquilizo...derecho, izquierdo, me toco las nalgas, el pecho, la #$%&. NADA. Entonces siento un dedo tocarme la espalda. Era una muchacha tímida que no podía mirarme a los ojos la que me había tocado. Entonces me da un papelito que dice: Te han bolsiqueado. Arqueo mis cejas y le pregunto si está hablando en serio. La chica me hace señales con la mano haciéndome entender que voltee el papel.
Al reverso decía. Lo siento, soy muda.
El cobrador se acerca y me pide pasaje, le digo que me han robado, que la chica se dio cuenta pero que era muda  y por eso no advirtió a nadie de nada. La chica asiente la cabeza, pero el cobrador no se inmuta, a él solo le importa el pasaje, la plata, las monedas, el sencillo. Me desespero. Estas situaciones siempre me ponen muy intranquilo. Entonces me acuerdo de que hace ratito fui un héroe campante de la anciana que ahora ocupa mi sitio. Entonces volteo a verla para pedirle que si un solsito, una monedita, ¡y mire que le di mi asiento vieja de mierda! Mas la señora yacía toda dormida y hasta roncando en el asiento que una vez fue mío. Maldición.

Acto 2: Me bajan del carro a 5 minutos de mi U. Ayudó toda la cháchara que le metí al conductor sobre el buen samaritano que debía ser. Pero muy al carajo me mandó a mí y a mi discurso. 
No me alarmé. Aún tenía 15 minutos para llegar a mi U. Decido caminar. A pie llegaré pues no tengo de otra. De pronto...cuando estoy caminando, siento la presencia de un humano cerca mío, mi olfato no me engaña. Y cuando volteo a corroborar mi sospecha, veo a un tipo con mala facha que sé que es choro. Más que asustado, me siento avergonzado. ¿Cómo decirle que ya me robaron, que ya lo atrasaron, que muy tarde, que la situación está dificil y ya  no se puede robar como antes? Se lo digo y se molesta y me da una palmada en la espalda que me hace toser. Lo puteo y lo recontra puteo, y sigo caminando. 

Acto 3: Llego con la esperanza que el día mejore. Aún me quedan algunas dósis de buenas vibras. Me las inyecto al torrente sanguíneo y prosigo. Al llegar a la puerta, veo que cambiaron de portero. Antes estaba una señora muy amable a la cual saludaba sin falta todos los días. ahora veo a un tipo con una mirada llena de malicia que parece hastiado de tener que trabajar tan temprano. Me acerco y el portero me detiene en seco y me dispara la pregunta: ¿Y tu carné? Trato de hilvanar la historia que hizo que perdiera mi billetera. El portero no cede. Lo mando a la mierda, literalmente. Y me retiro caminando.

Pensando seriamente en lanzarme debajo de las llantas de las coasters que circulan por la avenida, me encuentro a Sandra, una amiga de la facultad. Su increíble figura y su cara demasiada angelical como para serlo me inhiben por un rato de mi pesar. Me ve aletargado y me pregunta qué tengo.
Le miento, le digo que terminé con mi enamorada, que me engañó y que la descubrí teniendo sexo con un idiota. Entonces me ve a los ojos y como esas cosas que solo pasan en los sueños más retorcidos, Sandra me estampa contra la pared y besa con furia y a la misma vez con delicadeza. Sus labios con gloss sabor naranja me invaden y yo me dejo llevar porque ya nada peor puede pasarme y la beso por minutos y todos nos ven y le agarro una nalga. Se la peñizco suavemente. En ese peñizco desfogo toda mi furia y qué bien desfogado me siento y Sandra que se va sin decir nada y yo que me quedo todo torombolo en la puerta y que el portero gruñón se había ganado con el espectáculo y que luego me llama y me deja entrar a la U y hasta me da una palmadita el muy imbécil.

Entonces pienso mientras sonrío...El destino sí devuelve.

viernes, 27 de mayo de 2011

BESOS CON PÓLVORA.

Ocultos. Replegados ante la creciente amenaza de las balas perdidas. Heridos físicamente. Saben ellos que no pasarán la noche, que los "capuchas" han rodeado por completo la zona y que eventualemente, los encontrarán. Manolo tiene una herida en la pierna, una bala se la traspasó por completo. Nadia improvisó con un pedazo de tela y una tabla sucia una suerte de torniquete. Ella tiene heridas leves en las piernas y en los brazos...Le duele mucho...Por primera vez siente el miedo punteagudo y asfixiante de la inminente muerte.

Ambos ocultos en los escombros de una casa, tienen la última conversación de sus vidas. Las balas, gritos y sonidos de máquinaria de guerra los acompañan en el diálogo...

-Amor, mírate...estás toda herida-dice Manolo mientras le acomoda el fleco a Nadia-.
-No te preocupes por mí. Trata de no moverte, tu pierna dejó de sangrar así que no hagas ningún esfuerzo. Mírate, estás todo empolvado.
Manolo se limpia el rostro, piensa que así que se verá más guapo para ella. Solo a él se le ocurren esas cosas.
-Aghh, me entró tierra al ojo. ¡Sopla, sopla, sopla!
-Pero cálmate, no hagas ruido, no nos pueden encontrar. Espera, ya vengo-le dice Nadia después de soplarle el ojo-. Todo está bien...Se han ido a la otra cuadra-y ella pasó a acomodarse al costado de Manolo-.
-Deberías irte. Sabes que tarde o temprano vendrán. Es cuestión de tiempo.
-No es una película de Hollywood. No te hagas el héroe. Sabes que no te dejaré.
-Sabes que siempre quise ser actor, dame un final de película. 
-No me jodas, ya no es romántico. No vas a morir ni te volverás mártir, te quedarás conmigo y saldremos de esta. No sé que haría sin ti.
-Vivir.
-No sin ti.
-Sí. Mírame. Esta herida me hace una carga. Soy lastre en estas condiciones.Y necesitas ser rápida para burlar a los capuchas
-Me quedaré esperando contigo. Pronto caerá el día y Jareth con la milicia vendrán a rescatarnos. 
-Solo Dios sabe si ellos siguen vivos. No te puedes arriesgar.
-Me arriesgo de todas formas. Es mi decisión.
-¡No seas tonta!-le susurró con furia a Nadia, luego se pone a llorar mirándola con tristeza-. Si caes conmigo, ¿entonces para qué hemos hecho todo esto? Luché para que tengas un país mejor, y si te mueres, entonces nada tendrá sentido.
-No luchaste por mí, Manolo. Luchaste por todos los 25 millones de peruanos. Ahora quédate aquí.
Tienes razón, si nos quedamos aquí, moriremos los dos. Iré a buscar ayuda, y si es necesario, mataré a todos los capuchas que se me interpongan. 

La herida de Manolo volvió a sangrar justo cuando Nadia terminaba de hablar. El dolor lo hizo gemir en silencio.
Con lágrimas en los ojos Nadia le ajusó el rústico torniquete. Le dijo que no se atreva a salir. Buscó unos cartones y lo cubrió de la mejor forma posible...mezcló la tierra con los rastros de sangre e hizo que las huellas de su prescencia desaparezcan, en caso de que entre algún capucha. Lo miró a los ojos y le prometió que volvería. Que no se rinda...que ahora ella lo salvaría a él.
 Antes de irse, Manolo le dice unas últimas palabras...

-Si nada de esto hubiera pasado. Ahora estaríamos en Aija, tomando chicha de jora, bailando huayno, festejando hasta la madrugada con las vacas locas que tu tío seguramente compraría. Y andaríamos todo el día con Gato y comeríamos pachamanca de res, con mamá teresa. Y en las noches veríamos las estrellas echados en el techo de la casa. Ahora estaríamos en vacaciones y estaríamos muy felices...
-No te preocupes amor. El otro año iremos a Aija y haremos todo eso y más. Gato nos espera. No te preocupes...todo saldrá bien. Te amo Clyde.
-Te amo Bonnie.

Nadia sale de la casa, y se desplaza con los latidos violentándole el pecho por los escombros de las casas. Afuera los capuchas mantienen una batalla callejera contra los policías de la Comisaría de San Agustín.
Mientras va pensando en cómo cruzar la calle sin ser reconocida. Una bala pasa zumbando muy cerca de ella. Nadia se desploma, ha llegado a un punto en el que ya no siente poder pararse...cierra los ojos por unos instantes, y en pocos segundos...logra recordar cómo llegaron ahí. Cómo se había desatado la guerra y cómo de una estudiante de sociología en la UNMSM que nunca había luchado verdaderamente contra algo o contra alguien, que nunca había terminado ninguna empresa, por más simple que pueda ser, ahora era una de las líderes de la resistencia contra el rebrote terrorista de los "capuchas"...

Nadia mira al cielo, y ve una sola estrella...entonces cierra los ojos y ve toda una constelación.


CONTINUARÁ...

jueves, 26 de mayo de 2011

POEMA VII


Entre pestañas eternas,
Entre cabellos mojados,
Y susurros con olor a canela,
Entre esas pequeñas pausas
Que me ocasionan rememorarte
En la quietud de mi soledad,
Y en la agitación de mis alegrías…

Entre esas miradas oblicuas,
Que se pierden
En los laberintos de mis recuerdos.
Entre el cielo que sin piedad,
Pinta a brochazos mi nostalgia.
Entre sueños húmedos,
Que estrangulan mi castidad,
Y la tuya.

Entre perfumes,
Entre cuellos,
 Entre manos,
Entre cinturas,
Entre alguna extraña que me mire a los ojos,
Entre los tuyos que furtivamente me coinciden,
Entre la soledad más honda.
Y las taquicardias más violentas…
Yo, te extraño.

domingo, 15 de mayo de 2011

SI NO TE GUSTA EL ROCK, NO LEAS ESTO.

¡Dios!, estoy jadeando...regreso a la pc luego de bailar ska un rato en mi sala. Ayer una chica que conocí por la red social, me hizo recordar muchas estapas que pensaba olvidadas...etapas que me hicieron ver que tuve una adolescencia(y no es que haya dejado de ser asolescente, ¿pero...me entiendes no?) muy movida, muy bien vivida, llenas de trifulcas, de golpes, de sonidos estruendosos, de ropas ajustadas y miradas obscenas, de lisuras, llenas de alochol y puchos. Tuve una adolescencia(y tengo una) muy a lo rockera y claro, hablando en el sentido menos indicado de la palabra, como siempre hablo de todo, indebidamente. Mal.
Pero bueno,  a los hechos me remito, ayer conversando con la susodicha, llegué al conocimiento después de preguntarle qué música la empilaba para una fiesta, que sus gustos se parecían demasiado a los míos, hace unos 2 ó 3 años...cosa difícil de explicar...pero lo intentaré. Hace unos años, solía, con mis amigos, lanzarnos a festivales de rock...allá por nuestros lares, en Comas...Eran festivales que generalmente duraban de 2 ó 3 P.M. hasta la 1 A.M...Habían a lo mucho, 9 ó 10 agrupaciones participantes(o quizás más) y cada una tenía destinada de 15 a 20 minutos, según su popularidad. 
Cada mes o dos, con mis amigos veíamos una página en internet en donde podíamos enterarnos de todas las movidas en la escena rockera. No pondré el nombre de la página porque ya ni merece ser nombrada(ha caído en desgracia, en algun sentido), pero eso sí. Cuando veíamos con Paolo y Minerva, que había una "tocada" en Los Olivos, aquí nomas, cerquita, a 10 min de nuestras hatos, saltábamos de la emoción, vociferábamos...y planeábamos con qué ropa ir, cuánto dinero llevar, si compraríamos puchos o no, A quién recogeríamos primero, etc, etc...En fin, esas cosas que quieres tener a la perfección porque es una emoción tan grande que, que, que te excita, la espera nos excitaba. Paolo y Minerva eramos amigos de cole, y una semana antes, siempre contábamos los días, cada vez con más desespero, cada vez con más violencia, y es que teníamos y creo que aún tenemos mucha de esa violencia atrapada en nuestros corazones, y cuando entrábamos al SuperComplejo(establecimiento donde se suscitaban dichos conciertos) y nos metíamos a un pogo, por más tela que fuera, era una oportunidad para lanzar un zarpazo, para golpear a alguien como golpeando a tus fantasmas, para gritar sin llamar la atención, para quedarse afónico de tanto corear una canción, haciéndose moretones para luego compararlos con los de tus amigos...Porque el rock y los conciertos tenían esa cualidad, sacar lo peor de nosotros, dejar todo en la pista, en el pogo,( por más tela que fuera).
Nunca hablábamos mucho en los conciertos. Siempre, estábamos ansiosos por la próxima canción, y nos aburriamos en la espera del siguiente grupo...Luego de ir con Paolo y Mine, se sumaron más personas a nuestro grupo...Entre ellas, Silvia y Andy...A veces se colaba el enamorado de Silvia y nos cagaba la "velada" porque se molestaba con ella ya que no le daba atención a él y sí se la daba al grupo en el escenario. Por eso siempre me cayó mal ese orejón baboso(si lees esto, es la verdad pues, cha pasa)...Pero fuera de eso, el rock nos ayudó a afianzar una amistad que en realidad no sé cómo se formó. Hubieron pocos momentos memorables en los que todos lográbamos ir al concierto y pasarla bien absolutamente todos. Nuestras heridas personales interferían en nuestro goce. Pero cuando lo hacíamos, hablábamos de "oe huevón putamadre, aún no se me borra la herida; mira mira un pendejo me fregó el brazo; oe te acuerdas de esa flaca que pogeaba, se cayó encima de Mine jajajaja" por semanas, mostrándo nuestras heridas con orgullo y arrogancia. Porque el que más heridas tenía, era el que más se había atrevido a entrar al pogo, que aunque fuera tela(y lo repito por millonésima vez) a veces se ponía hardcore y arrojaba bocas rotas, manos verdes, huellas de botas en tu estómago...Incluso la primera vez que me metí a un pogo, fue con un grupo al cual nunca había escuchado, llamado Serial Asesino. Obviamente no sabía nada del grupo. Yo vi gente y me lancé...Segundos después...salía expulsado del mar de gente con la boca sangrando y con el honor destrozado. Pero ese repentino cambio de atmósfera, el de estar libre para luego ir a un huracán de gente y de golpes. Ese cambio me encantaba y me tentaba y nunca me dejé vencer por un pogo, ya sea de ska, de pank, o de lo que sea...Siempre incité a esa violencia que tanto me gustaba y que ahora siento por mis venas y deseo tanto desfogar en un pogo duro, bullicioso y con olor a cigarros y alcohol. Controlar ese sentimiento nunca fue fácil, y como soy flojo, no intente detenerlo...
Tantas emociones y recuerdos se habían mantenido cautivos por mucho tiempo...hey amiga que aún no conozco....si lees esto, gracias por habérmelo hecho rememorar. Aunque no haya sido tu intención. Algún día pogearemos duro, aunque no creo en un concierto, pero fácil entre colegas. 
Volveré a bailar un rato, ska claro...A ver si me canso.