miércoles, 1 de junio de 2011

POR HACÉRTELAS DE BUENO ANDRÉS...

Siempre he creído que el destino, la vida, el albedrío-démosle cualquier nombre a eso que comúnmente se le conoce como suerte-sabe retribuirte cada acción que haces, siempre he creído que todo lo que escupes, lo escupes al cielo y que si en el ojo no te cae, para eso está la frente;  Pero eso, hablando solo de los pecadillos que se suelen cometer; sin embargo, las buenas acciones...¿también saben ser retribuidas por ese hacedor destino?
Pues a los que dicen que sí, me cago en ustedes. Really. Porque por bueno hoy me pasaron las peores desgracias. Por hacérmelas de bueno. El buen Andrés...pancho tenías que ser...¡ay pancho!
El día trágico (y lo narro como si fuera un caso detectivesco, porque fácilmente bordea la ilegalidad mi mala suerte) se sucitó desde la mañana. Dicen que las malas cosas te pasan de a tres. Y ese fue mi caso.

Desperté temprano con una tenue sonrisa en los labios, tuve un sueño erótico con alguien que no recuerdo, pero amanecí lleno de energías. Me levanté, me mojé la cara y dejé que el sueño se vaya por el fregadero. Desayuné feliz el pan con mermelada que no me gusta y la leche que sé que me dará cólico por mi intolerancia a los lácteos(y no a la lactosa). No entendía mis extrañas ganas de vivir con las que me había despertado. Entonces me dejé llevar en la ruleta de mi suerte, mi padre me da 5 soles de pasaje. Aún no le digo que saqué carné porque el muy tacaño es capaz de darme menos. Luego de recibir mi pasaje agarro mi mp4 y mi celular, y salgo presto a estudiar. Hasta parezco responsable.

Tomo un carro con asiento libre cerca de la puerta, mi buena suerte me hace sonreír. Será un día  genial, predigo. Luego de 20 minutos de viaje, el cobrador aún no había pasado a cobrar el pasaje. Entonces con el carro llenísimo, se sube una sextagenaria al vehículo. Todos los asientos reservados estaban llenos por madres de familia. De pronto la señora se encontraba parada en el pasillo con el vehículo en marcha. Un joven está a punto de levantarse de su asiento para ofrecércelo  a la anciana. He ahí que se sucitó una cadena de eventos desafortunados que fulminaron las buenas vibras con las que me había levantado. 

Acto 1: Al ver a la sextagenaria parada, pensé que mi buena suerte debía ser retribuida a los demás. Yo y mis buenas intenciones. Cuando el joven que le iba a ofrecer el asiento a la anciana estaba  a punto de pararse. Con un tono arrogante y altivo le dije que por favor no lo haga, que este héroe del día le daría su asiento. Porque hoy las buenas vibras me invaden y nada puede pasarme...Imbécil.
-Señora por favor, siéntese.
-Gracias hijito.
Me paro, y disfruto de mi hazaña. Saco un pequeño libro que quería terminar de leer camino a la U. Lo abro y me sumerjo en él. Faltan 20 minutos para llegar a mi U, y el cobrador pasa a cobrar el pasaje, busco mi billetera. Bolsillo derecho, el izquierdo...mi bolsillo del pecho...y nada. No encuentro a la billetera. Ya me ha pasado antes que se me pierden cosas hasta en los recovecos de mi propio cuerpo, así que no me alarmo, pero la billetera sigue sin aparecer y el cobrador va acercándose. Me desespero, me calmo, me alarmo, me tranquilizo...derecho, izquierdo, me toco las nalgas, el pecho, la #$%&. NADA. Entonces siento un dedo tocarme la espalda. Era una muchacha tímida que no podía mirarme a los ojos la que me había tocado. Entonces me da un papelito que dice: Te han bolsiqueado. Arqueo mis cejas y le pregunto si está hablando en serio. La chica me hace señales con la mano haciéndome entender que voltee el papel.
Al reverso decía. Lo siento, soy muda.
El cobrador se acerca y me pide pasaje, le digo que me han robado, que la chica se dio cuenta pero que era muda  y por eso no advirtió a nadie de nada. La chica asiente la cabeza, pero el cobrador no se inmuta, a él solo le importa el pasaje, la plata, las monedas, el sencillo. Me desespero. Estas situaciones siempre me ponen muy intranquilo. Entonces me acuerdo de que hace ratito fui un héroe campante de la anciana que ahora ocupa mi sitio. Entonces volteo a verla para pedirle que si un solsito, una monedita, ¡y mire que le di mi asiento vieja de mierda! Mas la señora yacía toda dormida y hasta roncando en el asiento que una vez fue mío. Maldición.

Acto 2: Me bajan del carro a 5 minutos de mi U. Ayudó toda la cháchara que le metí al conductor sobre el buen samaritano que debía ser. Pero muy al carajo me mandó a mí y a mi discurso. 
No me alarmé. Aún tenía 15 minutos para llegar a mi U. Decido caminar. A pie llegaré pues no tengo de otra. De pronto...cuando estoy caminando, siento la presencia de un humano cerca mío, mi olfato no me engaña. Y cuando volteo a corroborar mi sospecha, veo a un tipo con mala facha que sé que es choro. Más que asustado, me siento avergonzado. ¿Cómo decirle que ya me robaron, que ya lo atrasaron, que muy tarde, que la situación está dificil y ya  no se puede robar como antes? Se lo digo y se molesta y me da una palmada en la espalda que me hace toser. Lo puteo y lo recontra puteo, y sigo caminando. 

Acto 3: Llego con la esperanza que el día mejore. Aún me quedan algunas dósis de buenas vibras. Me las inyecto al torrente sanguíneo y prosigo. Al llegar a la puerta, veo que cambiaron de portero. Antes estaba una señora muy amable a la cual saludaba sin falta todos los días. ahora veo a un tipo con una mirada llena de malicia que parece hastiado de tener que trabajar tan temprano. Me acerco y el portero me detiene en seco y me dispara la pregunta: ¿Y tu carné? Trato de hilvanar la historia que hizo que perdiera mi billetera. El portero no cede. Lo mando a la mierda, literalmente. Y me retiro caminando.

Pensando seriamente en lanzarme debajo de las llantas de las coasters que circulan por la avenida, me encuentro a Sandra, una amiga de la facultad. Su increíble figura y su cara demasiada angelical como para serlo me inhiben por un rato de mi pesar. Me ve aletargado y me pregunta qué tengo.
Le miento, le digo que terminé con mi enamorada, que me engañó y que la descubrí teniendo sexo con un idiota. Entonces me ve a los ojos y como esas cosas que solo pasan en los sueños más retorcidos, Sandra me estampa contra la pared y besa con furia y a la misma vez con delicadeza. Sus labios con gloss sabor naranja me invaden y yo me dejo llevar porque ya nada peor puede pasarme y la beso por minutos y todos nos ven y le agarro una nalga. Se la peñizco suavemente. En ese peñizco desfogo toda mi furia y qué bien desfogado me siento y Sandra que se va sin decir nada y yo que me quedo todo torombolo en la puerta y que el portero gruñón se había ganado con el espectáculo y que luego me llama y me deja entrar a la U y hasta me da una palmadita el muy imbécil.

Entonces pienso mientras sonrío...El destino sí devuelve.

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