A TODO HERIDO DE GUERRA.


Dedicado a la pureza que aún tenía cuando era un poco más joven...

Rima I


Las horas se tornan un tanto rocosas…
Duras y pesadas, cuando no te veo.
Cada segundo guarda un intervalo infinito,
Y el reloj avanza siempre hacia la izquierda.

Los mares de tus cabellos inundan mi espacio…
Y las estrellas de tus ojos
No me dejan conciliar con la noche.
Tu voz como intravenosa,
Penetra en mi cuerpo
…Frágil,
a punto del resquebraje,
Teñidas de ti, están mis manos.
Y guardo en mi pecho cada sonrisa tuya.

Es tan espeso el tiempo.
Cuando tú no mueves sus agujas,
Y tan banal e insignificante…
Si no puebla tu recuerdo en este.



Rima II

He muerto.
El centinela de los valles. Ha muerto.
Como han muerto mis sentidos…
Como ha muerto mi mano.
Mis dedos…mis brazos.
Mi pecho.
Ha muerto todo de mí.
Por el arma rosa de tus sentidos,
De tus manos
De tus dedos…de tus brazos
De tu pecho.
Esta batalla antes de comenzar…
Ya tenía ganador…y ya tenía trofeo.
Luché a ciencia cierta contigo,
Pero incluso habiendo muerto
Creo también haber ganado.



Rima III

La espuma tibia de tus orillas
Mojan mis pasos.
Y me quedo triste, mirando el horizonte.
Eres acaso, todo un océano…
Tan infinito,
Como el tiempo en tu ausencia.
O eres el trémulo cielo.
Abatido por la noche.

Nube con forma de espejo…
Abarcas el espacio.
Abarcas las horas.
Abarcas lo que no se toca.
Abarcas todo lo que se siente.
 


Rima IV

Oh suave percepción de seda.
Planeta de manos y figuras tenues
Haz capturado todo momento,
Toda palabra,
Todo muro en la plaza,
Le haz robado el aliento a mi alma.
O quizás, me haz robado la misma.

Qué posees que todo lo logras,
Qué mágico don manejas,
Oh, corsaria de mis ríos,
Haz asaltado mi nave,
Y de rehén me tienes cautivo.

Haz hecho tuyo todo respiro,
Y con puño invisible,
Haz capturado mis Lunas,
Y haz penetrado en mis horas.

Oh mujer de seda,
Sumérgeme en tus texturas,
Y no me dejes dormir esta noche.



Rima V

El día es luminoso,
La noche es oscura,
Y el ocaso…
Cómo es el ocaso.

Cómo definir1a intersección de mis horas,
Ocaso…
Mi cuerpo muere y mi alma revive.
La piedra oscurece y el cielo marchita.
Ocaso de mis días,
Erosionas en mi memoria.
Y me siento libre,
Libre, como el sol que muere.
Ocaso de mis ojos.
Humedeces en mis párpados,
Como agua santa,
Como elixir de vida.
Ocaso de Mil colores,
Tiñes todo de un aspecto mágico
Y abarcas hasta la esquina más recóndita de la sala.

Es tan hermoso y tan corto el momento.
Tan inmenso, y tan efímero.

Es una pugna de titanes,
Percibida tan solo por los amantes.
El ocaso es,
La cumbre de la vida,
La hora pico del amor
Es quizás, un pequeño consuelo de Dios.



Rima VI

Es tan sencillo pensar en ella,
Cada vez que veo una rosa,
De color cualquiera,
Y más si es roja.

Puedo caminar en un lago incierto,
Si de pronto ella toca,
Y yo le abro la puerta
Trepanando en mi mente,
Buscando alguna esquina,
Virgen de su recuerdo.

Y es que…pensar en ella,
Es como una rara enfermedad,
Es golpearte contra el techo,
Es olvidar las palabras.
Como si ella se las comiera.
Tal como un niño se come a mordiscos un pan,
Ella carcome mi razón,
Mis sentidos.

Es una tenue locura.
Es una simple obsesión.

Es tan sencillo pensar en ella,
Si de pronto ella toca,
Y mi puerta está siempre abierta.



Rima VII

La noche nos ha encontrado.
Entre tibias cobijas,
Y cuerpos unidos.
La noche nos ha encontrado.

Mi mano…ha encerrado tu cintura,
Entre ardientes fogatas al rojo vivo.
En medio de torpes intentos de tocar el cielo.
Y destellos pirotécnicos,
De sustancias enloquecedoras.
Mi mano ha encerrado tu cintura.

Mis ojos, se han encontrado con los tuyos,
En territorios castaños,
En profundos abismos oscuros.
Y en lejísimos toboganes de locura.
Mis ojos, se han encontrado con los tuyos.

Mis labios…han coincidido en ti.
En cada área de tu cuerpo.
En cada pedazo de mundo.
En tus ciudades.
En tus caminos de seda.
En tus labios, también.
Y dos galaxias, han colapsado.
Mis labios…han coincidido en ti.

Tu aroma, ha hecho trizas, mis sentidos,
Anudando mis manos.
Llenándolas de tu hechizo…
Restregando en mi pecho,
Haciendo añorar a mi corazón,
Metiéndose por mis ojos, por mis oídos.
Dejándome a la deriva.
Ciego, sordo, mudo y perdido,
Perdido completamente en ti…
Tu aroma ha hecho trizas mis sentidos.

Ha caído en mí tu alma,
Ha caído en mí.
Filtrándose por mis rendijas,
Como cae la harina por el coladero.
Como el aire entra y sale de una celda.
Haz triturado mi esencia,
Y ha nacido una nueva,
Llena de ti y de mí.
Ha caído en mí tu alma,
Ha caído en mí.



Rima VIII

Parada en mis orillas,
Como estatua de sal,
Haz quedado perenne,
Musa de cal,
De vidrio,
Musa de musas,
Reina de manto oscuro,
Hechicera de mis noches.

Las tibias aguas del mar,
Van desgarrando tus pies…
Tus pies de arena,
No me queda más que
Cavar trincheras en la costa.
Con mis manos oscuras,
Y evitar que te pierdas en lo infinito.

No pasarás. Asesino de quimeras
¡No!
No esta vez.
Hoy ya no enfrentas a un loco enamoradizo.
Hoy te arriesgas contra una zanja oscura,
Contra un abismo inmenso.
Y no pasarás.
Y mi estatua vivirá esta tarde
Y sus ojos,
Me harán compañía por la noche.



Rima IX

Pídeme rescatarte de un castillo,
Protegido por cientos y cientos de dragones,
Pídeme que desgarre yo mismo,
Las telas  oscuras de mis oraciones,
Pídeme un sacrificio.
Pídeme que le robe a dios su corona.
pídeme un tributo.
Tan solo por anhelar tu aroma,
Pídeme la flor,
Más colorida del campo,
Pídeme la piedra,
Más reluciente de la Tierra
Pídeme lo que quieras,
Pídeme la vida misma.

Tan solo,
Ten previsto esto…
No me pidas,
Que te pierda de la memoria,
No insinúes, que me muero,
Extirpar tu aroma de mi cabeza.
No te atrevas a intentar pronunciar,
Que de mi alma suprima,
Cada gesto tuyo.

No, no me lo pidas,
Que fenezco.



Rima X

Es tan difícil, a veces, poder amarte,
Es luchar contra la Tierra,
Abriendo zanjas oscuras al infinito,
Para que cayera.
Es ir contra el viento,
En una embarcación de vela.
O intentar cruzar el mundo,
Con alas de cera.

Es tan difícil, a veces, poder amarte.
Como intentar ver las estrellas
En un cielo de nubes y tinieblas.
Es ser un lobo salvaje,
Y tú la luna llena.
Es morir de madrugada.
Y renacer al tocar el alba mi ventana.

Es tan difícil, a veces poder amarte,
Ver tus caricias, desperdiciadas,
En brazos de otro.

Otro, será el afortunado
Que me robe tus besos,
Y un lugar en tu cuello.
Otro.
De otro serán mis sueños.
Y de otro serán tus manos.
Y de otro será,
La suavidad de tu cabello.

Es tan difícil, tan difícil
Y en ocasiones,
Discute mi cabeza con mi pecho.

Es tocar el fondo del lecho del mar.
O escalar una rosa llena de espinos.

Oh, suspiros.
De otro serán tus suspiros,
De otro, no de mí.

Es tan difícil, a veces, poder amarte,
Pero es siempre tan fácil.
Siempre, volver a ti.



Rima XI

Te amo.
Si es que no hay forma más simple de decirlo.
Te amo, y te amo de nuevo.

Te amo.
Y sonrío.
Pues nada supera su simpleza,
Te amo también cuando sonríes,
Te amo cuando me disparas tremendos bramidos,
Cuando pierdes tu mente en el vacío.
Y cuando rozas tu mano con mis tejidos.
Eres una lanza pasiva,
Que no penetra,
Si no que captura.
Te amo cuando me miras de perfil,
Como si de algún crimen aceptaras la culpa.
Tal vez de un hurto.
Te amo cuando recoges las hojas secas,
Cuando le sonríes a las rosas,
Cuando vuelas por los aires,
Mujer ligera,
Te amo
¡Porque vuelas!
Te amo,
Porque caminas,
Porque silencias,
Porque callas,
Y me quitas las palabras.

Te amo cuando pronuncias mal una palabra,
Y me dizque dejar corregirte,
Te amo cuando juegas a que eres mía,
Y me dejas jugar a que te pertenezco.
TE amo cuando te presentas en mi desvelo,
Cuando no me dejas terminar las faenas.

Te amo…porque eres inmensa,
Porque todo lo pueblas,
Y todo lo llenas.

Amarte es un milagro,
Y cuando te amo, no existen fronteras
Te amo…simplemente,
Como un príncipe ama a su doncella.



Rima XI

Ven pedazo de nube,
En un cielo estrellado,
En un cielo raso.
O en uno pintado a arañazos.

Ven y llévame en tus vientos.
Ven y destruye mi casa,
Huracán de pensamientos.
Torbellino de emociones.

Qué me queda si no ceder ante tus fuerzas,
Si ante toda ocasión,
Son estas las que me aqueja,
Eres como una brisa que me despierta de la noche,
O eres el polvo que se trepa a mis prendas,
Aire marino de un país mediterráneo.
Esencia fugaz de un astro.

Hoy con un vaso de absintio a mi costado,
Me quejo,
Me quejo y no me quejo,
De tanta algarabía.
Me quejo y el cielo se va nublando,
Y los objetos ya no son soberanos,
Si por mi sangre corre el veneno de tu licor.

Embriagado perezco bajo este techo
Es tan amargo,
El sabor de tu voz.
Por mi garganta pasan cortantes,
Las espinas de tus rosales.
Eternas cumbres primaverales,
Son más altas aún que el cielo mismo.
Pero en la cumbre me espera dios,
Y junto a él, el infierno.



Rima XIII

Me has obligado a existir, rosa..
Me has apuntado con tu espada,
Y me has dicho.
Anda,
Vive.

Anda, camina por la tierra rocosa.,
Anda, errando por pantanos viscosos.

Y yo caminé,
Y he dejado migajas desde tu puerta,
Pero las aves han conspirado contra mi fortuna,
Y me he perdido,
Y ando buscándote.

Rosa, si me vez,
Clausura toda vía errónea,
Y dirígeme a tus pastos,
Dirígeme al Edén.



Rima XIV

Oh, migaja de escombros,
Sentina de emociones,
Vas discurriéndote como mofándote,
En frente mío.
Y trato de cogerte,
Y como espectro mi mano te atraviesa.

Oh, muerte lúcida.
Quimera vestida de seda,
Es hora de decir adiós.
Es hora de comprar otro reloj,
Ya, como herido de guerra he quedado,
Marchito y lisiado ha quedado mi pecho.
Ya he perdido la batalla,
Y ando desangrándome por el pavimento.

Es hora de decir adiós,
O en caso más fortuito, hasta luego.
Fuiste la trinchera,
Fuiste una bala deambulando en el aire,
Fuiste una granada de fuerza.

Ahora serás una mancha en mis vendas,
Y luego procuraré que seas una herida notable,
Después, una infección dolorosa,
Y quién sabe, si te vuelvas llaga,
Y te pierdas en las marcas de mi piel.

Oh, batalla de pólvora rosa.
Te digo adiós, y muero.



Rima XV

Mujer infame.
Mujer sin rastros ni huellas…
Como es que antes que dejes marcadas en la orilla
Los pasos de tu camino,
El mar presuroso,
Se ha llevado consigo,
Las depresiones producidas por tu andar.

Cómo es que antes de probarte,
Del sueño me levanto.
¡Oh! Oscura percepción.
Viento del este, o del norte,
Moviéndome a tu antojo…
En este cielo de tinieblas.

Puedo pensar, acaso.
Que a cada barco que atraca le pertenece tu nombre.
O que en cada bandada de aves como hoja de otoño,
Deambularás por mis aires.
Si vendrás con cada ola irregular.
Si desde la espuma blanca y espesa.
Como sirena me cantarás y yo presto me condenaré.

Puedo pensar, si acaso pudiera.
Que el viento de sal,
Que algún animalillo,
Que las tibias corolas,
Tibian, me dirán.
En qué mares has dado a parar.
Mujer de caminar errante…
¡Dónde!
Con las manos en la cabeza,
Con la piedra en el pecho,
Y el sudor en mis manos.
¡Por dónde voy pisando!
Tus aguas me invitan a unirme al festín de muertos.
Vuelve pronto mujer ingrata.
Que a cada palpitación de esas aguas
Mi alma pide, las tuyas.
Mujer sin huellas,
Ni rastro,
Dónde resuenan tus invisibles pasos…

¡Dónde dejaste las gravitaciones de mis manos!,
Mujer de mirada triste y ausente,
A dónde te has alejado.

Eres tan lejana,
Lejana como el cielo pintado a brochazos.
Como las mismas aguas que tocan mis orillas.
Eres tan lejana, como un grito a la deriva.
Como un desierto,
Y su espejismo.
Eres tan lejana, mujer sin mes ni día
Lejana como un país sin nombre.
Como el camino a la redención.
Eres más lejana que Dios.
Y más lejanas son tus caricias.
Tu recuerdo penetra,
Como punzón envenenado.
En cada órgano de mi cuerpo.
Por mis venas ya corruptas.
Corre la sustancia que me dejaste en tu despedida.
Circula el veneno de la nostalgia.

Y es que con guante de arena te quise retener.
Y con cada grano te me fuiste de las manos.
Eres tan lejana y tan inmensa. Mujer.
Que no estando aquí.
Aún resuena el viento con los ecos de tu risa.
Tu recuerdo es tan cercano.
Como lo fuiste hace pocas noches,
En esta misma roca,
Las estrellas me recuerdan,
Cada figura que creamos…
Las piedras, inexactas.
Aún no se han movido.
Pero mi alma…en tu embarcación ha partido.

Puedo cavar en la arena,
Buscando algún pasaje, alguna pista,
Algún rastro de naufragio.
Puedo ensangrentarme las manos,
Puedo destrozarme las uñas,
Y extraviar la cordura.

Tan solo inalterable permanece…
El recuerdo de tu rostro…
Mustio.
Con ojos de cristales.
Mejillas sonrosadas…
Y labios de seda.
Ahora eres tan tácita.
Tan lejana…
Y tan inmensa.
¡Dónde te hallas!
Mujer de caminar errante.