La noche nos ha entretejido los cuerpos,
Y he descubierto que en tu regazo,
Nada…
Nada existe.
He descubierto que en tu cuello,
Nada…
Nada existe.
He descubierto que en tus labios,
¡NADA!
Absolutamente Nada Existe,
Sólo un silencio sedante.
Sólo…
Sólo la muerte,
Sólo el blanco…
La nada. La vida.
La inexactitud de desaparecer…
He descubierto que en tu cuerpo,
Hay un pasadizo a la calma.
Un mundo De colores tenues.
Como ese túnel que describen los moribundos,
Al casi fenecer…
Hay, en la suavidad de tu tacto.
El punto exacto de equilibrio.
Hay, en lo profundo,
Una tierra virgen,
Que anhelo conocer.
¡Ah!
Mujer,
¡Hueles a mujer!
Pedazo de paraíso.
Haz abierto…
LAS PUERTAS DEL EDÉN.
Mira, como mi triste mano.
Como perro faldero,
Escala en tu espalda.
Cómo mis labios, como el centro de la tierra.
Hierven al rozarlos tus dedos.
Cómo tiemblan mis sentidos,
Tal cual un cataclismo…
Cómo exploro con mis labios,
Tus caminos, tus pasajes,
Tus cordilleras, tus praderas…
Tus picos más altos,
Y las depresiones más escondidas.
Hay cientos de besos en el aire.
Déjame atrapar el tuyo,
Déjame Morir contigo.
Magnífica.
Eres magnífica.
Eres, la dulce melancolía,
La colorida alegría.
La suave nostalgia.
La tenue sabiduría.
Eres, mujer,
Un resguardo de la vida.
Mira.
¡Pero mira!
¡Haz sonreído!
Y no conté un mal chiste,
Acaso detecto en ti,
¿Los tímidos rastros del amor?
Acaso…
¿Hemos despertado,
Del luengo letargo?
Avísame, con una ráfaga de tu mirada.
Si sentiste mis manos aquella noche,
Con tus labios dime,
Mujer,
Si los míos te saludaron con esmero.
Con tus brazos dime,
Si se entibió tu cuerpo con el mío.
Porque desfallezco.
En la humanidad de mi incertidumbre.
Y también, porque te diré
Porque les diré.
Que la vida…
Fue,
Es,
Y será.
Los momentos eternos…
En los que por milésimas de segundos,
Simplemente…
…Desapareces.
No hay comentarios:
Publicar un comentario